LOGICA TRASCENDENTAL EN KANT


LOGICA TRASCENDENTAL EN KANT

Por: J.J. Corredor B.

 

Además de la sensibilidad, el hombre posee una segunda fuente de conocimientos: el intelecto. Mediante aquella, los objetos nos son dados, y a través de la segunda, son pensados. Kant manifiesta:

 

La intuición y los conceptos constituyen, pues, los elementos de todos nuestros conocimientos, de modo que ni los conceptos pueden suministrar conocimiento prescindiendo de una intuición que les corresponda de alguna forma, ni tampoco puede hacerlo la intuición sin conceptos. (A 50/ B 74)

 

Más aún:

 

Ninguna de estas propiedades es preferible a la otra: sin sensibilidad ningún objeto nos sería dado y, sin entendimiento, ninguno sería pensado. Los pensamientos sin contenido son vacíos; las intuiciones sin conceptos son ciegas. Por ello es tan necesario hacer sensibles los conceptos (es decir, añadirles el objeto en la intuición) como hacer inteligibles la intuición (es decir, someterlas a conceptos). Las dos facultades o capacidades no pueden intercambiar sus funciones. Ni el entendimiento puede intuir nada. El conocimiento únicamente puede surgir de la unión de ambos. Mas no por ello hay que confundir su contribución respectiva. Al contrario, son muchas las razones para separar y distinguir cuidadosamente una de otra. Por ello distinguimos la ciencia de las reglas de sensibilidad en general, es decir, la estética, respecto de la ciencia de las reglas del entendimiento en general, es decir, la lógica. (A 51, 52 / B 75 / B 76).

 

Para Kant la lógica es la ciencia del intelecto en general y la divide en lógica general y en lógica trascendental.

 

La primera prescinde de los contenidos y se limita a estudiar las leyes y los principios en general del pensamiento, sin los cuales no existiría una utilización del intelecto. Esta es la lógica formal descubierta por Aristóteles, y según Kant, nació casi perfecta. A Kant en su Crítica de la Razón Pura no le interesa la lógica formal sino la trascendental, que no prescinde del contenido.

 

Kant distingue entre conceptos empíricos y conceptos puros; los empíricos son aquellos conceptos que contienen elementos sensibles; los puros, en cambio, son aquellos que no están mezclados  con  ninguna sensación. En la estética Kant ya nos había mostrado una distinción análoga, cuando hablaba de intuiciones puras e intuiciones empíricas: las intuiciones puras son las formas del espacio y el tiempo; intuiciones empíricas son aquellas en las que las sensaciones se mezclan con el espacio y el tiempo. Precisamente en esto consiste la lógica trascendental, que hace abstracción de los contenidos empíricos, pero no de los vínculos con las intuiciones puras, esto es, de los vínculos que mantiene con el espacio y el tiempo. Además la lógica formal no considera el origen de los conceptos, sino que se limita a estudiar las leyes que regulan los nexos que hay entre ellos. En cambio, la lógica trascendental estudia el origen de los conceptos y se ocupa específicamente de aquellos conceptos que no provienen de los objetos, sino que provienen a priori del intelecto, y que sin embargo se refieren a priori a los objetos mismos.

 

A continuación Kant divide la lógica trascendental en analítica y dialéctica. La analítica trascendental se dedica a disolver el conocimiento intelectivo en sus elementos esenciales, descomponiendo incluso la facultad intelectiva misma para buscar en ella los conceptos a priori y estudiar su utilización de modo sistemático.

 

El siguiente paso que da Kant es evidente:

 

En una lógica trascendental aislamos el entendimiento (al igual que hicimos antes con la sensibilidad en la estética trascendental) y tomamos de nuestros conocimientos únicamente la parte del pensamiento que no procede más que del entendimiento. Ahora bien, el uso de este conocimiento puro se basa en la condición siguiente: que se nos den en la intuición objetos a los que pueda aplicarse. En efecto, sin intuiciones todo nuestro conocimiento carece de objetos y consiguientemente, se halla enteramente vacío. La parte de la lógica trascendental que trata de los elementos del conocimiento puro del entendimiento y de los principios sin los cuales ningún objeto puede ser pensado es, pues, la analítica trascendental y constituye, a la vez, una lógica de la verdad. (B 87 /  A 63)

 

Por último se aprecia con claridad este paso final, cargado de bastante significado:

 

Por analítica de  los conceptos no entiendo el análisis de los mismos o el procedimiento corriente en las investigaciones filosóficas consistentes en descomponer, según su contenido, los conceptos que se presentan y en clasificarlos. Entiendo, por el contrario, la descomposición –poco practicada todavía- de la capacidad misma del entendimiento, a fin de investigar la posibilidad de los conceptos a priori a base de buscarlos sólo en el entendimiento como su lugar de procedencia y a base de analizar su uso puro general. Tal es la tarea propia de una filosofía trascendental. (A66 / B90)

 

De esta forma observamos que en la analítica el hombre posee formas a priori o conceptos puros del intelecto que preceden la experiencia, pero que valen únicamente si se les considera como condiciones de la experiencia real o posible, pero que en sí mismos permanecen vacías. Por lo tanto, no se puede ir más allá de la experiencia posible. Cuando la razón intenta ir más allá cae en errores y en ilusiones. Esta clase de errores, en los que incurre  la razón cuando va más allá de la experiencia, no son ilusiones voluntarias sino ilusiones involuntarias, y por lo tanto ilusiones estructurales. La dialéctica constituirá una crítica de tales ilusiones, como manifiesta expresamente Kant:

 

Se llama dialéctica trascendental, no porque sea un arte de suscitar dogmáticamente tal apariencia (arte muy corriente, que da origen a distintos embustes metafísicos), sino en cuanto crítica del intelecto y de la razón con respecto a su utilización más allá de lo físico, para desvelar la falaz apariencia de sus infundadas presunciones y reducir sus pretensiones de descubrimiento y ampliación de conocimientos, que se ilusiona  en conseguir gracias a los principios trascendentales, al simple juego del intelecto puro y a su mantenimiento de las ilusiones sofísticas.

 

 

 

 

 

 

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